"ya no me siento como un niño"
Esta vez, no. Esta vez no escupió en el hoyo, ni tiró a volar su zapato ni culpó al campo por tenerle manía. Esta vez, cuando Sergio García embocó el putt definitivo, el del triunfo en el Players Championship, considerado como el quinto grande, el mayor éxito de su carrera después de casi tres años en blanco, El Niño hizo las paces con el palo del juego corto y le dio un beso en la cara interior. Era su manera de reconciliarse con el putt, el golpe maldito, el que le dejó sin bautizo en el Grand Slam en el último Open Británico en otro desempate como el que ayer, ahora sí, le dio la victoria ante el estadounidense Paul Goydos en una última jornada contra el viento.